Verona, hermosa ciudad situada en la falda de los Alpes italianos, siempre permanecerá en el recuerdo popular como la ciudad donde dos jóvenes amantes vivían una pasión prohibida por sus respectivas familias, anhelando un futuro, una vida en común que se les antojaba imposible. No podía William Shakespeare haber escogido un entorno más adecuado para su drama, símbolo eterno en la cultura occidental del amor romántico. Pero en Verona no nacieron solo amores imposibles e impresionantes obras de arte. Nació, tal día como hoy 06 de noviembre de 1835 el profesor Cesare Lombroso, a quien se considera a día de hoy, si no el padre de la ciencia criminológica, al menos uno de sus principales exponentes.

Cesare Lombroso, padre de la ciencia criminológica

Retrato de Cesare Lombroso, universidad de Turín
Retrato de Cesare Lombroso, universidad de Turín

      En efecto, Cesare Lombroso no fue el primer autor que escribió temática criminológica. Cesare de Beccaria, jurista italiano del S. XVIII, publicó el conocido “De los delitos y las penas”, tratado en el que se realiza un estudio exhaustivo de la necesidad y conveniencia de equilibrar el castigo con el mal causado, y de racionalizar aquel tanto en su aplicación como en los encargados de aplicarlo. Tampoco fue el único autor de su generación, coincidiendo en tiempo con Lacassagne (aunque no en principios) y Bertillon, ni por supuesto el último. Pero a día de hoy, y si bien sus propuestas se encuentran superadas, Cesare Lombroso es considerado el padre de la criminología moderna, y su obra “Tratado antropológico experimental del hombre delincuente” el punto de inflexión que marca la transición de una serie de teorías y autores más o menos acercados al estudio del delito y el delincuente hacia una más compacta y naciente ciencia criminológica.

El positivismo criminológico

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Positivismo criminológico, o el delincuente nato.

         Fuertemente influido por la publicación en 1859 de “El origen de las especies”, Lombroso desarrolló sus propias teorías explicativas sobre la génesis de la criminalidad atribuyendo esta, esencialmente, a una involución en el desarrollo antropológico del individuo. Conocida como Positivismo Criminológico, esta teoría atribuía  a la herencia, a la propia evolución del individuo la existencia de una tendencia a la criminalidad, al comportamiento desviado respecto a lo socialmente aceptado sin que nada pudiera hacerse por parte del individuo para corregir esta tendencia: El delincuente nato. Según Lombroso, dicha involución se manifestaba de una forma más intensa en determinados grupos sociales que en otros, y del mismo modo, al tratarse de una hecho puramente biológico, no resultaba difícil pensar en la existencia de signos o características físicas que señalaran también la existencia de una predisposición para una conducta criminal. Habida cuenta de la influencia de estas teorías criminales en el S. XIX, no es de extrañar que investigaciones como las de los crímenes de Jack el Destripador quedaran irresolutas por siempre jamás: Tanto el Inspector Jefe Abberline, como el Jefe de la Policía Metropolitana, General Charles Warren, descartaron que la persona que comentía tan horrendos crímnes fuera británica o no perteneciera a los eslabones más bajos de la sociedad londinense. Naciendo sesgada de esta forma la investigación, es fácil intuir por que jamás se descubrió la identidad del asesino.

Lombroso en la actualidad

        A día de hoy, el positivismo criminológico como única teoría explicativa de la criminalidad ha quedado descartada. Del mismo modo, otras teorías de corte psicológico o sociológico quedaron aparcadas en el mismo cajón, y es que hoy en día parece aceptado en las diferentes escuelas criminológicas que no existe una única causa del comportamiento criminal. Sí, desde el momento de nuestro nacimiento, e incluso antes, una serie de características marcan nuestra personalidad futura. Inteligencia, empatía, impulsividad, agresividad… Nuestra forma particular de entender y asumir la realidad que nos rodea, junto al conjunto de normas tanto formales como informales que aprenderemos, harán el resto. Un individuo único y sin igual.

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