Garbo, El Espía
Juan Pujol García, alias Garbo
Juan Pujol García, alias Garbo

      La envejecida puerta de madera que les   separaba del interior del comercio era la única  frontera que después de cuarenta años Nigel y Desmond no habían podido cruzar. Permanecieron de pie, en silencio, durante unos segundos, conscientes de que la obsesión que a ambos les había mantenido ocupados durante buena parte de sus vidas había tomado forma humana y por increíble que pudiera parecer, estaba viva y a solo una puerta de distancia. Nigel observó la fachada de la envejecida librería, mientras Desmond permanecía tan absorto que no se dio cuenta de los gritos de  un joven ciclista que les reprochaba que permanecieran parados sin más en medio de la acera. Finalmente, accedieron al comercio. Como si entraran en un templo, permanecieron en silencio dirigiéndose a un mostrador que más les parecía un púlpito.

– Buen día, señores, en que puedo ayudarles?

     Escasos días atrás, Nigel West, historiador y escritor, y  Desmond Bristow, veterano de guerra y agente británico del MI6 habían coincidido por primera vez en una investigación sobre la figura de un doble agente de la II WW, de alias Garbo. Su identidad era desconocida a día de hoy y se le suponía muerto en Angola, tras la gran guerra. Desmond estaba convencido de que su antiguo compañero de aventuras, un joven catalán de nombre Juan Pujol García, era Garbo, pero le faltaban pruebas y argumentos para demostrarlo. Igualmente le sucedía por su cuenta a Desmond Bristow, quien disponía de más información oficial, pero menos conocimiento interno del MI6. La combinación de ambas voluntades y conocimientos confirmaba la teoría de Desmond, y los dos investigadores pusieron rumbo a Caracas, donde según sus informaciones residía Garbo en ese instante, trabajando en una librería.

     Cuando el anciano que les atendía tras el mostrador se giró, tardó unos segundos en reconocer a Desmond. Este le reconoció en seguida. Nigel nunca había visto en persona a Garbo, pero supo enseguida que habían acertado. Nunca en la historia, unos segundos de silencio habrían dicho tanto.

    Juan Pujol García, alias Gatbo Pujol García, nacido en 1912, era un joven relativamente adinerado, hijo de industriales,  amante de la tranquilidad. Cercano a los círculos liberales, Juan parecía predispuesto a disfrutar de larga y próspera vida, tanto como anodina y carente de mayores desafíos o emociones y nada parecía presagiar el destino que le aguardaba. Juan, como tantos jóvenes de su generación sintió muy de cerca el terror de una guerra civil. Carente de cualquier valor castrense y poco amigo de los problemas, Juan no fue tan siquiera capaz de acudir a la llamada del ejército: tras ser reclutado forzosamente por los republicanos y obligado a combatir en la batalla del Ebro, desertó de este bando y se alistó en el bando franquista. Pero la experiencia en ambos bandos, solo sirvió para formar su carácter liberal y odiar fascismos y comunismos. Quizás en este momento, el carácter de Juan Pujol se transforma. Quizás solo descubre la valentía que reside en su interior, o quizás solo descubre la voluntad de  ponerse al servicio de los ideales en los que cree. Fuera  como fuese, Juan no podría imaginar lo influyente que su persona iba a ser en el devenir político y social del mundo entero en los años venideros.

     Probablemente, tampoco lo imaginaba el funcionario de la Embajada Británica que atendió a aquel joven que le ofrecía la posibilidad de trabajar como agente doble para Su Graciosa Majestad… Ni siquiera la flema británica podría impedir que aquel hombre se sonriese al observar al menudo catalán, proponiéndole semejante locura. Juan no se vino abajo, había tomado una determinación… su ofrecimiento posterior fue ante los alemanes… la Abwher del Almirante Canaris aceptó sus servicios de inmediato: un excombatiente franquista con la determinación de ser informador alemán y con un amplio conocimiento de la realidad y de la geografía británica  (Juan jamás había estado en el Reino Unido) podía ser una fuente de información muy útil. Tras ese instante es cuando Juan Pujol García deja de responder a su nombre real para responder ante el nombre de Arabel, su nombre en clave. Arabel se desplazó en primer lugar a Lisboa, y posteriormente a Londres armado tan solo con una guía de la capital británica, algunas guías de ferrocarriles y líneas marítimas, un diccionario de términos militares y prensa local. Arabel inició entonces una ardua labor de información contaminada para con la Abwher. En 1942 contacta nuevamente con el MI5 y finalmente es aceptado como agente doble, siendo bautizado poco tiempo después como Garbo: sus superiores, maravillados por lo que el agente era capaz de realizar armado tan solo de su imaginación y de capacidad interpretativa lo consideraron “el mejor actor del mundo”. Garbo llega a tejer una red de informadores ficticios a lo largo del mundo: Tokio, Sri Lanka, Londres, Madrid… las informaciones que obtiene del MI5 y las instrucciones que obtiene de la Abwher suponen los limites dentro de los que trabajar, de crear historias tan ficticias como verosímiles, y con ellas contaminar el servicio de inteligencia alemán.

Juan Pujol, en una entrevista realizada poco antes de su fallecimiento.
Juan Pujol, en una entrevista realizada poco antes de su fallecimiento.

Su participación en la Operación Fortitude es el momento cúspide en la tarea de Garbo. Dicha operación tiene como objetivo desviar la atención de los alemanes durante la Operación Overlord, o desembarco de Normandía. En la madrugada del 6 de junio de 1942, las tropas aliadas llegan a la playa de Omaha iniciando lo que sería el retroceso Alemán en el frente occidental y suponiendo un punto de inflexión para el desarrollo de la II Guerra Mundial. Un pequeño y anónimo catalán, de nombre Juan Pujol García, Garbo para la historia, se constituye en pieza clave en la operación convenciendo a Alemania de que dicha invasión se producirá por el paso de Calais, a casi 400km.

     Nigel no se atrevió a pestañear ante la mirada cruzada de sus dos acompañantes, y la escasa clientela que había en el local se apercibía de que algo extraño estaba pasando. Juan dibujaba una pequeña sonrisa en sus labios, mirando fijamente a Desmond, quien a su vez, no podía reprimir la emoción de su rostro.

– El Sr. “Garbo”, supongo…..

 

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